En las Tierras Yermas, Gazbag y Grumlok se reúnen con los Hijos del Sol Sangriento. Inmediatamente, los dos se proponen cumplir las órdenes mágicamente implantadas de Malekith. Liderados por su recién nombrado Caudillo y Chamán, los Hijos emprenden su marcha hacia las Montañas del Fin del Mundo, incorporando a sus filas a todas las tribus de pieles verdes que encuentran a su paso y aniquilando a todo el que se niega a unirse a su causa. Los Orcos y los Goblins nunca han visto tal fuerza y poder concentrados en dos de sus congéneres, y el ejército de los Hijos del Sol Sangriento crece en número a medida que se extienden los rumores de sus hazañas.
Cuando las hordas de pieles verdes se aproximan a Karak-Ocho-Picos, los Enanos se refugian tras las murallas, confiando en la seguridad de su inexpugnable fortaleza. Pero, para sorpresa de los Enanos, Gazbag utiliza su magia potenciada para abrir un boquete en el impenetrable muro de la ciudad. Ningún otro ejército había conseguido atravesar el perímetro de Karak-Ocho-Picos. Una oleada de pieles verdes penetra entre gruñidos y gritos por la abertura, y los defensores de la ciudad, condenada, desalentados pero firmes, se preparan para resistir con uñas y dientes.
Las noticias vuelan como el viento. ¿Cómo es posible que una tribu de pieles verdes capture la invulnerable fortaleza? Aunque pocos lo admiten abiertamente, muchos Enanos se sienten conmocionados por la impensable derrota. En Karaz-a-Karak, el Gran Rey Thorgrim, Custodio de Agravios, jura venganza y ordena a todos los Enanos de la ciudad que se preparen para una gran guerra.
Secretamente, el Gran Rey está muy preocupado. Normalmente, el rumor de que los pieles verdes tienen como líder a un Caudillo con la fuerza de diez Orcos y a un Chamán con habilidades mágicas nunca vistas no le quitaría el sueño, ya que los Enanos tienen tendencia a exagerar. Sin embargo, no se puede ignorar la caída de Karak-Ocho-Picos, ni el efecto devastador que ha tenido en la moral de los suyos. Sin que nadie se entere, el Gran Rey envía un jinete al Imperio para alertar a Karl Franz del posible peligro que corren sus tierras si los Enanos no consiguen detener la invasión de los pieles verdes. Aunque al Gran Rey es demasiado orgulloso para pedir directamente ayuda al Emperador, espera que la urgencia de su mensaje dé sus frutos.
Entretanto, al Sur, los jinetes garrapatos y los jinetes de jabalí parten en todas las direcciones desde Karak-Ocho-Picos, extendiendo la noticia de que un gran ¡Waaagh! se está formando en la fortaleza. Legiones de Orcos y Goblins comienzan a acudir al bastión capturado y a sus tierras circundantes. Todos los jefes orco y los jefes goblin rinden pleitesía a Grumlok y Gazbag, ofreciendo sus tropas para destruir a los Enanos.
En ambos bandos, se congregan grandes ejércitos. Los Enanos están decididos a recuperar Karak-Ocho-Picos y vengar su derrota, mientras que el único objetivo de los pieles verdes es aniquilar a todos los Enanos posibles.
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Las noticias vuelan como el viento. ¿Cómo es posible que una tribu de pieles verdes capture la invulnerable fortaleza? Aunque pocos lo admiten abiertamente, muchos Enanos se sienten conmocionados por la impensable derrota. En Karaz-a-Karak, el Gran Rey Thorgrim, Custodio de Agravios, jura venganza y ordena a todos los Enanos de la ciudad que se preparen para una gran guerra.
Secretamente, el Gran Rey está muy preocupado. Normalmente, el rumor de que los pieles verdes tienen como líder a un Caudillo con la fuerza de diez Orcos y a un Chamán con habilidades mágicas nunca vistas no le quitaría el sueño, ya que los Enanos tienen tendencia a exagerar. Sin embargo, no se puede ignorar la caída de Karak-Ocho-Picos, ni el efecto devastador que ha tenido en la moral de los suyos. Sin que nadie se entere, el Gran Rey envía un jinete al Imperio para alertar a Karl Franz del posible peligro que corren sus tierras si los Enanos no consiguen detener la invasión de los pieles verdes. Aunque al Gran Rey es demasiado orgulloso para pedir directamente ayuda al Emperador, espera que la urgencia de su mensaje dé sus frutos.
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En ambos bandos, se congregan grandes ejércitos. Los Enanos están decididos a recuperar Karak-Ocho-Picos y vengar su derrota, mientras que el único objetivo de los pieles verdes es aniquilar a todos los Enanos posibles.
Dos meses después de la caída de Karak-Ocho-Picos, el ejército del Gran Rey parte con la intención de echar a los pieles verdes invasores de las Montañas del Fin del Mundo. Pero, mientras los Enanos recorren las laderas del gran volcán Karag Dron rumbo al Sur, el cielo se oscurece. Allá arriba, el sol comienza a apagarse y todo queda sumido en una extraña luz antinatural color púrpura.
Desde el punto más alto de Naggarond, Malekith observa cómo Morrslieb, la luna del Caos, eclipsa el sol. Sus espías del Viejo Mundo le han transmitido mensajes confirmando el éxito del ataque de los pieles verdes a los Enanos. Todo está ocurriendo exactamente tal y como el Rey Brujo planeaba.
Al Norte, más allá de donde alcanza la vista de los hombres, una oscura horda bélica surge del tempestuoso Desierto del Caos. Montones de grotescas criaturas marchan en formación junto a regimientos de guerreros y bárbaros liderados por un señor del Caos con el estandarte de Tzeentch.
En el Imperio, el eclipse rojo ha hecho cundir el terror y el pánico. En todos los barrios de Altdorf surgen revueltas e incendios. La guardia de la ciudad se ve obligada a contener la situación, pero el eclipse dura poco y, al anochecer, se ha restablecido el orden. Sin embargo, lo acontecido no cae en el olvido, y muchos ciudadanos del Imperio, aterrorizados por lo que interpretan como un heraldo de los terribles acontecimientos que se avecinan, recogen sus pertenencias y abandonan sus hogares con la esperanza de encontrar refugio en las montañas del Sur y el Este. Los habitantes del Imperio ven el fin cada vez más cerca, y sus esperanzas de erradicar la plaga quedan ensombrecidas por la espantosa visión del eclipse rojo.
Para el ejército de Enanos que marcha para reclamar la fortaleza de Karak-Ocho-Picos, el eclipse parece confirmar el miedo que se ha estado apoderando de ellos. El sol negro sobre el cielo carmesí evoca la dolorosa pérdida de Karak-Ocho-Picos a manos de los Hijos del Sol Sangriento, y parece un símbolo de la inevitable victoria de los pieles verdes invasores. ¿Será éste el fin de los Enanos? Resignados a su destino, los demacrados guerreros recorren penosamente el duro y montañoso terreno.
En Altdorf, el Emperador recibe el mensaje del Gran Rey y ordena a varios regimientos acudir a las montañas para asistir a los Enanos. Aunque necesita cada uno de sus soldados para asegurar las fronteras y combatir la creciente anarquía de su reino, Karl Franz juró por su honor respetar el compromiso contraído por Sigmar de no negar nunca ayuda a un Enano. Justo en ese momento, un emisario le entrega un informe del Norte: un gran ejército del Caos se ha puesto en marcha y llegará a las fronteras del Imperio en menos de una semana.
Tras evaluar las fuerzas desplegadas en Norland y Ostland, Karl Franz se da cuenta de que la situación es crítica. La plaga ha diezmado las filas de su ejército, ha causado estragos en las líneas de suministros y ha minado la moral y la capacidad de trabajo de su pueblo. El Imperio será una presa fácil, y caerá sin remedio si no recibe ayuda. Los Enanos no pueden enviar guerreros a proteger el Imperio. Y si no recuperan pronto la fortaleza de Karak-Ocho-Picos, no podrán hacerlo nunca. Los Altos Elfos son la única alternativa.
Tras hacer llamar a su jinete de grifo de más confianza, el Emperador escribe una carta suplicando ayuda al gobernador de los Altos Elfos. Cuando el mensajero llega a Lothern, Finubar, Rey Fénix de Ulthuan, ya conoce la extrema situación del Imperio y ha estado haciendo preparativos para enviar tropas. Finubar llama al Príncipe Tyrion, un guerrero y general sin par entre los suyos, y le encomienda la misión de defender las tierras de los Altos Elfos. Seguro de que su reino no corre peligro alguno, el Rey Fénix se hace a la mar encabezando una flotilla de navíos de guerra élficos. A través de los Estrechos de Lothern, las naves llegan al Gran Océano Occidental cargados de cientos de los mejores guerreros de los Altos Elfos. Cuando Malekith recibe noticias de que el Rey Fénix ha partido, da la orden de comenzar la invasión de Ulthuan.
En la oscuridad de la noche, una gran flota de Arcas Negras parte de Naggaroth. Cuando las fortalezas flotantes se aproximan a las orillas de Ulthuan, las fuerzas invasoras se dividen: mientras una mitad sigue hacia a las Islas Asoladas, la otra se dirige al Sur, rumbo a los Estrechos de Lothern. Pronto, legiones de Elfos Oscuros guerreros se arremolinan a las orillas de su tierra ancestral.
En Karak-Ocho-Picos, se está formando un gran ¡Waaagh! de pieles verdes. Al Norte del Imperio, los siervos de Tzeentch ya se han adentrado en el corazón de Ostland sembrando a su paso la destrucción. El ejército del Príncipe Tyrion se ha apresurado al Norte para combatir a los bárbaros Elfos Oscuros, pero pronto les informan de que una segunda horda invasora ha empezado a asediar Lothern.
Dándose cuenta de que el único modo de plantar cara a las amenazas a las que se enfrentan es unir fuerzas, los líderes del Imperio y las naciones de los Enanos y los Altos Elfos convocan un gran Consejo de Sabios en Altdorf, la capital del Imperio. En este encuentro, los tres gobernadores sellan un pacto determinando que sus pueblos lucharán unidos y combatirán a todo enemigo que intente conquistar sus tierras.
The Age of Reckoning ha comenzado.
Desde el punto más alto de Naggarond, Malekith observa cómo Morrslieb, la luna del Caos, eclipsa el sol. Sus espías del Viejo Mundo le han transmitido mensajes confirmando el éxito del ataque de los pieles verdes a los Enanos. Todo está ocurriendo exactamente tal y como el Rey Brujo planeaba.
Al Norte, más allá de donde alcanza la vista de los hombres, una oscura horda bélica surge del tempestuoso Desierto del Caos. Montones de grotescas criaturas marchan en formación junto a regimientos de guerreros y bárbaros liderados por un señor del Caos con el estandarte de Tzeentch.
En el Imperio, el eclipse rojo ha hecho cundir el terror y el pánico. En todos los barrios de Altdorf surgen revueltas e incendios. La guardia de la ciudad se ve obligada a contener la situación, pero el eclipse dura poco y, al anochecer, se ha restablecido el orden. Sin embargo, lo acontecido no cae en el olvido, y muchos ciudadanos del Imperio, aterrorizados por lo que interpretan como un heraldo de los terribles acontecimientos que se avecinan, recogen sus pertenencias y abandonan sus hogares con la esperanza de encontrar refugio en las montañas del Sur y el Este. Los habitantes del Imperio ven el fin cada vez más cerca, y sus esperanzas de erradicar la plaga quedan ensombrecidas por la espantosa visión del eclipse rojo.
Para el ejército de Enanos que marcha para reclamar la fortaleza de Karak-Ocho-Picos, el eclipse parece confirmar el miedo que se ha estado apoderando de ellos. El sol negro sobre el cielo carmesí evoca la dolorosa pérdida de Karak-Ocho-Picos a manos de los Hijos del Sol Sangriento, y parece un símbolo de la inevitable victoria de los pieles verdes invasores. ¿Será éste el fin de los Enanos? Resignados a su destino, los demacrados guerreros recorren penosamente el duro y montañoso terreno.
En Altdorf, el Emperador recibe el mensaje del Gran Rey y ordena a varios regimientos acudir a las montañas para asistir a los Enanos. Aunque necesita cada uno de sus soldados para asegurar las fronteras y combatir la creciente anarquía de su reino, Karl Franz juró por su honor respetar el compromiso contraído por Sigmar de no negar nunca ayuda a un Enano. Justo en ese momento, un emisario le entrega un informe del Norte: un gran ejército del Caos se ha puesto en marcha y llegará a las fronteras del Imperio en menos de una semana.
Tras evaluar las fuerzas desplegadas en Norland y Ostland, Karl Franz se da cuenta de que la situación es crítica. La plaga ha diezmado las filas de su ejército, ha causado estragos en las líneas de suministros y ha minado la moral y la capacidad de trabajo de su pueblo. El Imperio será una presa fácil, y caerá sin remedio si no recibe ayuda. Los Enanos no pueden enviar guerreros a proteger el Imperio. Y si no recuperan pronto la fortaleza de Karak-Ocho-Picos, no podrán hacerlo nunca. Los Altos Elfos son la única alternativa.
Príncipe Tyrion © Games Workshop 2000-2006 |
En la oscuridad de la noche, una gran flota de Arcas Negras parte de Naggaroth. Cuando las fortalezas flotantes se aproximan a las orillas de Ulthuan, las fuerzas invasoras se dividen: mientras una mitad sigue hacia a las Islas Asoladas, la otra se dirige al Sur, rumbo a los Estrechos de Lothern. Pronto, legiones de Elfos Oscuros guerreros se arremolinan a las orillas de su tierra ancestral.
En Karak-Ocho-Picos, se está formando un gran ¡Waaagh! de pieles verdes. Al Norte del Imperio, los siervos de Tzeentch ya se han adentrado en el corazón de Ostland sembrando a su paso la destrucción. El ejército del Príncipe Tyrion se ha apresurado al Norte para combatir a los bárbaros Elfos Oscuros, pero pronto les informan de que una segunda horda invasora ha empezado a asediar Lothern.
Dándose cuenta de que el único modo de plantar cara a las amenazas a las que se enfrentan es unir fuerzas, los líderes del Imperio y las naciones de los Enanos y los Altos Elfos convocan un gran Consejo de Sabios en Altdorf, la capital del Imperio. En este encuentro, los tres gobernadores sellan un pacto determinando que sus pueblos lucharán unidos y combatirán a todo enemigo que intente conquistar sus tierras.
The Age of Reckoning ha comenzado.
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